
El problema del ruido
El problema de la contaminación acústica está siempre más presente y apremiante en estos últimos decenios: las infraestructuras de carreteras, con el creciente volumen de tráfico, presentan hoy serios problemas, que requieren soluciones y respuestas adecuadas.
Por ejemplo, la red de carreteras proyectada para volúmenes de tráfico “restringido”, ha sido objeto de constantes adaptaciones para soportar siempre nuevas exigencias. Los ensanchamientos de carriles han determinado siempre una mayor aproximación de la red vial a las viviendas privadas.

Incluso el aumento de numerosas líneas de ferrocarriles, con la construcción de nuevos tramos de alta velocidad, pone de exigencia una cuidadosa valoración de las problemáticas ligadas al incremento del ruido exterior.
No debemos olvidar, además, las actividades industriales, que a menudo con un nivel de ruido elevado, hacen casi imposible la convivencia del ciudadano con los niveles de ruido siempre más elevados.
La sensibilidad del ciudadano en relación al ruido exterior ha aumentado bastante y su constante vigilancia para su confort medioambiental es siempre más exigente.
Por lo que se refiere a las fuentes sonoras de las carreteras se pueden localizar dos principales campos característicos: los de altas y bajas frecuencias.
Mientras las bajas frecuencias son originadas sobretodo por la descarga de los gases, las altas frecuencias se deben a las vibraciones del motor y sus partes mecánicas.

En general la presencia de tráfico pesado determina un incremento de las bajas frecuencias.
Por lo que se refiere a las molestias (o daños) producidas a las personas por el ruido, estos tres parámetros tienen una particular importancia: el nivel de presión sonora, el tiempo de exposición, la composición del ruido.
Podemos afirmar que un ruido inferior a los 35 dB(A) no produce efectos molestos; entre 36 y 65 dB(A) puede molestar el sueño y el descanso; entre 66 y 85 dB(A) se está ante un ruido que provoca fatiga y puede provocar efectos de tipo psíquico y neurovegetativo.
Valores superiores a los indicados pueden producir un daño psíquico y psicosomático, así como efectos dañinos y permanentes en el órgano auditivo.
De las consideraciones hechas queda claro que para intervenir de manera satisfactoria sobre la contaminación acústica es necesario efectuar unos levantamientos fonométricos, que nos permitan obtener una correcta representación de la entidad y tipo de ruido producido para encontrar el mejor sistema para intervenir.
Ruido producido por:
El mismo tipo de ruido varía con:
La solución al problema del ruido
La instalación de barreras acústicas o pantallas con capacidad para obstaculizar la propagación de las ondas sonoras desde la fuente a la zona habitada, es una eficaz intervención para disminuir la contaminación acústica.
El principio de funcionamiento de una barrera contra el ruido se fundamenta en el hecho de que el sonido que la alcanza es en parte reflejo, en parte absorbido y en parte difractado por la misma barrera.

De particular relevancia es la parte sujeta a la difracción, sobretodo en la extremidad alta de la barrera, que determina la necesidad de planear y realizar la altura idónea de las pantallas. Es evidente que la planificación de un material de este tipo sufre la influencia de distintos factores, que no son solo de tipo acústico, sin embargo son estos mismos que imponen determinadas selecciones, como son la largura de la barrera, su altura y el tipo de materiales a usar. Por ejemplo, acoplar materiales como el hormigón con características de fono aislamiento con materiales ligeros como el aluminio e interponer elementos con características fonoabsorbentes, es de notable interés para los fines acústicos.
Es importante subrayar que el objetivo a alcanzar mediante la instalación de una barrera contra el ruido es que se reduzcan los niveles sonoros producidos hasta por debajo de los límites fijados por la ley para la zona tomada en consideración.
Normalmente, una disminución sonora de 6-8 dB(A) se podrá obtener y es razonable: debemos tener presente que una disminución de 6 dB(A) corresponde a una atenuación aproximada del 50% del ruido producido.
Además del llamado “rendimiento acústico”
de la barrera contra el ruido son también relevantes estos
otros aspectos: la eco compatibilidad de la intervención, el
aspecto estético de la barrera, el reducido mantenimiento de
la instalación.
Una correcta planificación de la intervención será
por lo tanto útil y necesaria. De particular importancia es
la preventiva valoración del impacto medioambiental, para colocar
en la zona habitada un elemento no desestabilizador y portador de
efectos psicológicos negativos que nos llevarían a un
inevitable rechazo.
Características de los productos Metroacustic
El correcto funcionamiento acústico de una barrera es determinado tanto por las dimensiones físicas del elemento (desarrollo linear, espesor, altura) como por la absorción de los materiales que la componen.
Las barreras Metroacustic, presentan características altamente competitivas no solo por el rendimiento acústico sino por su calidad estética.
Calidad
La constante búsqueda de la calidad en la producción es garantizada tanto por el uso de materiales seleccionados y el cuidado de su ensamblado como por los controles efectuados en las muestras antes de su comercialización.
Los resultados de los controles efectuados confirmaron la total correspondencia de los productos con los requisitos técnico-funcionales previstos por los distintos reglamentos técnicos de importantes Entidades como la Sociedad de Autopistas o los Ferrocarriles del Estado.
Además de estos requisitos acústicos, las barreras Metroacustoc satisfacen todos los requisitos mecánicos, estáticos, de resistencia al fuego y de resistencia a la corrosión establecidos por las normas nacionales y europeas.